VINOS TINTOS
  • 6 DE OCTUBRE DE 2014
  • 4 min
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Degustación de un Montepulciano de más de dos décadas

Montepulciano d'Abruzzo Inferi Riserva 1993 Vuelvo a hablar del Montepulciano d'Abruzzo Inferi Riserva. Esta vez os contaré la primera edición de este vino, la añada 1993. Vino que tuve el privilegio de degustar durante una cena orga...

Alessandro Genova

por Alessandro Genova
Catador solo por 24h

Degustación de un Montepulciano de más de dos décadas

Montepulciano d'Abruzzo Inferi Riserva 1993

Vuelvo a hablar del Montepulciano d'Abruzzo Inferi Riserva. Esta vez os contaré la primera edición de este vino, la añada 1993. Vino que tuve el privilegio de degustar durante una cena organizada por el productor, en la que tuvo lugar la presentación del último nacido de la cantina: el vino cotto Livia.
El marco no podía ser mejor. El evento se celebró en el Ristorante Imàgo, en el último piso del Hotel Hassler en via Sistina, en Roma.
Ambiente encantador. La tenue iluminación del restaurante realzaba la vista que se disfrutaba desde los ventanales panorámicos. Acercándose a los cristales se podía ver todo el centro histórico iluminado de la capital, donde destacaba la majestuosidad de la cúpula de la Basilica di San Pietro. Mirando hacia abajo, la maravillosa escalinata de Trinità dei Monti.
Pocos comensales, una docena en total; además de Enrico Marramiero y algunos de sus colaboradores más cercanos, reconocí a algunos personajes siempre vinculados al mundo del vino.
Paso por alto la excelente cena, así como el impecable servicio del restaurante. Solo una breve mención a los demás espléndidos vinos de la bodega, degustados antes y durante la cena: el método clásico, de uvas Chardonnay y Pinot nero, con 36 meses de crianza sobre lías; el Trebbiano d'Abruzzo Altare 2011 y 1994 (el 1994 de dos botellas distintas), Trebbiano del que no puedo sino confirmar el asombro por la complejidad, la acidez y la belleza de la añada veintañera (corroborando lo escrito a propósito del Trebbiano d'Abruzzo Altare 1996); el Montepulciano d'Abruzzo Inferi Riserva 2010 (la añada en curso, en la foto contenido en la segunda copa) y el Montepulciano d'Abruzzo Dante Marramiero 2003; y finalmente el vino cotto Livia, el último nacido y el motivo que la bodega encontró para reunirnos alrededor de la mesa.
Me detengo en cambio en el Montepulciano d'Abruzzo Inferi Riserva 1993, como se ha dicho la primera añada del vino. Al describir el Montepulciano d'Abruzzo Inferi Riserva 1994, nos habíamos despedido diciendo que habría que esperar algo más de tiempo para degustar en su mejor momento aquella muestra. En el Vinitaly, con el frenesí que caracteriza sus ritmos, no había sido posible.

Ahora, en cambio, el vino se presenta en decanter, señal evidente de que las botellas se abrieron con tiempo, dejando al oxígeno el tiempo necesario para que el vino liberara todas sus sensaciones aromáticas.
Pasamos pues a la degustación del vino. Con la luz disponible se presenta en la copa con un precioso color granate con destellos anaranjados. Al girar la copa forma arcos muy densos, prueba irrefutable de la gran estructura del vino, además de sus 14° de alcohol.
La nariz es intensa y compleja. Inmediatamente notas terciarias de tabaco y regaliz, especiadas de pimienta. Luego percibimos todavía sorprendentes aromas frutales, como mermelada de arándanos y ciruela madura. Polvos de tocador al final con un remate balsámico de eucalipto.
En boca el vino es seco, cálido, redondo y envolvente, todavía sorprendentemente fresco, bastante sabroso con taninos sedosísimos. La persistencia es larguísima, permanece en boca durante minutos, con duraderos retornos balsámicos y de alcanfor. Vino maduro, equilibrado y armónico.
Lo degusté acompañando dos de los platos de la cena: los ravioli d'anatra speziati al vapore, con almendras sicilianas y tierra de cacao; y con la costata di manzo alla brace inversa, alubias zolfini y porcini con frutos rojos. Probablemente se casó mejor con la costata, gracias a su suavidad, estructura y persistencia que acompañó muy bien la complejidad de la elaboración culinaria. Pero imagino que el vino, por importancia y estructura, puede ser adecuadamente maridado con los platos a base de cordero de la cocina abruzzese como por ejemplo la pecora alla callara.
Queda el recuerdo de la magnífica velada y la certeza de que el Montepulciano es una variedad de rango absoluto que ofrece una gran materia prima. Pero también que para hacer un vino así, como esta muestra en forma espléndida después de más de dos décadas, esa materia hay que trabajarla mucho y muy bien, tanto en el viñedo como en la bodega. Con una idea clara de cómo debe ser el vino y de cómo llegará a ser.

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