Degusté un maravilloso Barbaresco 2006, vino que a pesar del envejecimiento estaba en óptima forma, expresión de un gran territorio y de un gran hombre que tuve la fortuna de conocer y que encuentro de vez en cuando, menos de lo que me gustaría. Hablo del Barbaresco Santo Stefano, producido por la bodega Castello di Neive di Italo Stupino, situada en el pequeño pueblo del mismo nombre, no lejos del municipio de Barbaresco. Neive, junto a Treiso y San Rocco di Seno d'Elvio (fracción de Alba) y Barbaresco, es uno de los lugares donde es posible producir el Barbaresco DOCG.
Neive debe su nombre a una noble familia romana, Gens Naevia, aunque se convirtió en municipio solo hacia finales del siglo XII. El actual castillo fue terminado a mediados del 1700, sobre los cimientos de una fortificación anterior que data del siglo XVI, período en que Neive entraba en la esfera de influencia saboyarda. En estos lugares, al servicio del Conde de Castelborgo, en el siglo XIX operó el enólogo y comerciante Louis Oudart, quien equipó la bodega del castillo y que, el primero en el área, como vimos en la historia de los Marchesi di Barolo que he contado, produjo con uvas Nebbiolo un vino seco, de imponente estructura y gran longevidad. Con el nombre "Neive" obtuvo una medalla de oro en la Exposición de Londres de 1862, treinta años antes del inicio de la producción del Barbaresco moderno.
En tiempos más recientes, en los años 60 del siglo pasado, el padre de Italo, Giacomo, comenzó a adquirir terrenos y viñedos en las mejores posiciones como Messoirano, Montebertotto, Basarin y Valtorta. Y así fue como en 1964 el Castillo pasó a formar parte de la propiedad con sus espaciosas bodegas y con las cascine Santo Stefano y Marcorino. Santo Stefano, incluido en la subzona de Neive Albesani, es el viñedo donde se producen las uvas que dieron origen al gran vino degustado.
Estas adquisiciones supusieron el giro en la organización de la bodega, en la reestructuración de los viñedos y en la producción del vino con sistemas modernos, actividades en las que Italo se ha implicado personalmente. En la gestión de la empresa, el desarrollo de los mercados hizo necesario el traslado de algunas de las actividades que ya no eran posibles en las bodegas del castillo. Las operaciones de prensado, fermentación, control de temperaturas, embotellado –con nueva maquinaria y depósitos de acero inoxidable– se realizan hoy en una nueva bodega que dispone de una racional distribución. En las bodegas del castillo están dispuestos todos los toneles de madera para el envejecimiento de los vinos, incluidos los toneles de 33 y 37 hectolitros, en roble de Allier, utilizados para la evolución del Barbaresco.
Hoy Castello di Neive Azienda Agricola se extiende sobre una superficie de aproximadamente 60 hectáreas, de las cuales 26 son de viñedo, cultivadas con Nebbiolo, Barbera, Arneis, Dolcetto, Pinot Nero, Albarossa, Riesling, Grignolino y Moscato. Cada variedad se cuida de manera que pueda encontrar el hábitat ideal para expresar al máximo su potencial. Anualmente se producen aproximadamente 170.000 botellas distribuidas en una gama de etiquetas adecuada para satisfacer cada deseo del aficionado y no solo. Tradición e innovación, siglos de experiencia en un territorio afortunado, investigación en sinergia con la Universidad de Turín y experimentación de las tecnologías más modernas –en el viñedo como en la bodega– son los valores sobre los que se sustenta la experiencia de Castello di Neive.
Pero volvamos a nuestro Barbaresco. El viñedo Santo Stefano es muy soleado, con una exposición al sur-suroeste que permite la perfecta maduración de las uvas. Al estar compuesto por vides antiguas –la mayor parte del viñedo tiene cincuenta años, mientras que algunas replantaciones se han realizado hace casi veinte– el sistema radicular permite absorber agua y sales minerales también en profundidad, actividad esencial especialmente en veranos secos. Y al ser un viñedo con una pendiente muy pronunciada, no existe ningún problema de encharcamiento, lo que permite la mejor sanidad del Nebbiolo da Barbaresco.
La vendimia es manual, con la selección de las mejores uvas que se recogen en cajas y se transportan a la bodega. En 2006 tuvo lugar a finales de septiembre, con uvas que alcanzaron la maduración tecnológica y fenólica óptima. Tras el despalillado, comienza la fermentación en depósitos de acero inoxidable, fase que nunca dura más de dos semanas, con remontados que permiten la mejor extracción antociánica. La perfecta maduración de las uvas y la vinificación de la duración adecuada harán que el tanino sea elegante, sedoso con el envejecimiento del vino.
Tras los trasiegos, el vino afina en los grandes toneles en la bodega del castillo. Narramos ahora la cata del BARBARESCO SANTO STEFANO 2006.
De color granate luminoso, típico de los vinos elaborados con uvas nebbiolo en pureza. Aroma elegantísimo, abre con aromas varietales, flores secas (rosa sobre todo) que se funden en una unión de amor con fresquísimas fragancias balsámicas, típicas de este particular viñedo y derivadas del largo afinamiento. El cuadro olfativo se completa con notas tostadas que se difuminan en recuerdos frutales y de especias dulces. En boca es corpulento, majestuoso, aunque nunca demasiado invasivo. El tanino está bien presente pero es sedoso, con una acidez todavía viva que refresca en su justa medida y el alcohol que aporta plenitud de sabor contribuyendo a la estructura general del vino. Cierra con un final largo, de rara persistencia con un retrogusto de regaliz. Vino de extraordinaria refinación, complejidad y riqueza, ha sido afinado durante 18 meses en los grandes toneles de la bodega del castillo.
Un gran vino, este Barbaresco, que por ello requiere platos importantes como preparaciones a base de caza, el jabalí asado con romero, por ejemplo. Concluyo con una nota personal. En un correo de hace 10 años escribía a Italo a propósito del Barbaresco Santo Stefano 2006 ".. no me atrevo a pensar cómo estará dentro de 5 o 7 años ..". Ahora lo sé.





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