Terrazas Reserva Malbec 2009: cuando el buen vino viene del nuevo mundo
Soy italiano y estoy muy unido a mi nación, a pesar de todo, a pesar de las incongruencias, los defectos, la clase política y tantos otros aspectos negativos de nuestro país. Vivimos en un país maravilloso, que ha dado vida a genios y artistas, lleno de paisajes impresionantes y lugares evocadores.
También cuando bebo vino soy orgullosamente nacionalista, pero eso no significa que, cuando me ofrecen un vino extranjero, parta con prejuicios.
Una noche, por casualidad, en una enoteca nos proponen este vino argentino: Terrazas Reserva, Malbec 2009.
Como todos los países de América Latina que se encuentran por debajo de la línea del Ecuador, Argentina tiene las estaciones invertidas respecto a nuestro hemisferio norte y esto permite a los profesionales, expertos y a quienes buscan experiencia, participar a menudo en dos vendimias. Obviamente en esta época, en Mendoza, capital de la región homónima, se celebra la "Festa de la Vendimia" durante la cual se corona a la Princesa del Vino.
Este vino proviene de la zona de Mendoza, cercana a los Andes y próxima a Chile, otro excelente productor de vino. Los veranos aquí son muy calurosos, mientras que los inviernos son frescos pero no rigurosos; las precipitaciones son bastante escasas.
En definitiva, un clima que puede ofrecer, para algunos tipos de vitigno, muchas satisfacciones y además, en una zona donde hay importantes comunidades de vénetos y piamonteses, no se puede pensar que nadie intente producir buen vino.
Este vino que estamos a punto de servir en las copas proviene de la provincia de Lujàn de Cuyo, identificada en 1950 por Renaud Poirier, analista de vinos para Maison Moët y Chandon, como "el mejor lugar de América del Sur para la producción de buen vino". Fue así como la empresa, que había puesto los ojos en las tierras de América del Sur, escuchó los consejos de su experto y comenzó a producir allí.
He aquí por qué encontramos este Malbec tan lejos de sus primeras raíces.
Los racimos provienen de viñas plantadas a 1.067 metros sobre el nivel del mar y este vino ha pasado doce meses en barricas de roble francés en un 80% y el restante 20% en barricas de roble americano, de las cuales el 30% son nuevas.
En la copa tenemos un vino de un rojo muy oscuro y profundo, impenetrable; el aroma que se desprende en las copas llega a mi nariz a una distancia de 40-50 centímetros: ¡la cosa empieza a ponerse seria!
Fresa, guinda, ciruelas, violetas, vainilla, mora, frambuesa, especias, sotobosque, cuero mojado, tabaco y ahumado: ¡parece estar en una curtiduría!
En el paladar tiene un cuerpo muy importante, un sabor rico y unos taninos muy presentes y elegantes que al primer sorbo te atacan un poco, pero, como una mujer de carácter decidido, acabarán por enamorarte. Excelente la persistencia. La madera se percibe pero no invade, un uso sabio que enriquece pero no domina.
Yo preferiría beberlo solo, aunque se adapta bien en maridaje con quesos muy curados, caza, jabalí y platos a base de carne roja cocinados de manera sabrosa y condimentada.
Precio entre 15 y 18 euros: un buen descubrimiento, ¡y ni siquiera necesité las carabelas, bastó con acudir a la enoteca correcta!





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