Hace unos días participé en el evento organizado por Athenaeum "L'Aglianico e i suoi territori". La velada fue conducida por el reconocido periodista y blogger de vino Luciano Pignataro. Estábamos, pues, en muy buenas manos, considerando que Luciano es uno de los máximos expertos en vino y en los territorios del sur de Italia. Degustamos siete vinos elaborados con uvas Aglianico procedentes de cuatro territorios distintos: el Vulture en Basilicata, la Irpinia, el Cilento y, finalmente, el Sannio (Taburno) en Campania.
La palabra a los vinos.
1. Irpinia Aglianico Re di More 2011 – Mastroberardino.
Representa el vino de entrada de la cantina Mastroberardino, interesante porque está elaborado a partir de un clon seleccionado por la propia bodega. Además de la nota de cereza –común también a las otras seis muestras y, en general, descriptor gustativo-olfativo de los vinos elaborados con uvas Aglianico– se percibe un trasfondo de ceniza típico del área, junto a interesantes notas tostadas. En boca las sensaciones duras son predominantes, con un tanino importante y una acidez que hace salivar bastante. Final ligeramente amargo pero preciso. Madurado durante 12 meses en madera pequeña, no es un vino de gran complejidad pero sí de una realización técnica segura y correcta. Vino para toda la comida.
2. Cilento Aglianico Cenito 2010 – Luigi Maffini.
Es un vino del mar. Nace de un viñedo de más de veinte años como blend de Aglianico con una pequeña proporción de Piedirosso. Este último es un vitigno más delgado que un Dolcetto plantado en las laderas norte de las Langhe, y cumplía una función similar a la del Ciliegiolo con el Sangiovese en el Chianti. Servía, en definitiva, para suavizar las notas duras del Aglianico. Desde hace algunos años el Cenito se elabora con uvas Aglianico en pureza. Es un vino de gran limpieza formal, con una bonita expresión frutal en primer plano. En boca hay una correspondencia perfecta, con una marcada componente fresca y una nota salina yodada que evoca el mar. El impacto gustativo nunca resulta excesivo, pero el vino conquista el paladar de forma progresiva. El uso de la madera no sigue un protocolo fijo, sino que se dosifica cada año en función de la evolución climática.
3. Aglianico del Vulture Synthesi 2011 – Paternoster
Otro Aglianico de entrada para la otra bodega de renombre presente en la cata. Madura en madera de tercer uso, que sirve únicamente como contenedor de afinamiento "inerte", es decir, sin cesión de taninos gálicos. Los viñedos se encuentran en Barile, en el Vulture, en una zona vocacional a una altitud de entre 450 y 650 m s. n. m. El vino desprende aromas de confitura no especialmente definidos; en boca se aprecia la gran acidez y el tanino astringente. Como vimos con el Re di More de Mastroberardino, también este vino funciona muy bien con la comida. En conjunto puede definirse como un vino didáctico, el arquetipo del Aglianico que no contempla una gestión particular de los taninos.
4. Taurasi Vigna Cinque Querce 2006 – Salvatore Molettieri
Nos encontramos en la zona de Montemarano, uno de los municipios donde se produce el Taurasi. El estilo del vino se caracteriza por su vivacidad y la tactilidad de las sensaciones gustativo-olfativas. El vino, producido a 600 m s. n. m., aparece muy concentrado, con una gestión de la madera que depende de las diferentes añadas y sus respectivas evoluciones climáticas. Se muestra rojo rubí vivo con matices violáceos, señal de una importante concentración antociánica. Nariz compleja que, tras los habituales aromas frutales, despliega curiosas notas de algarroba, matices especiados y de piel de naranja amarga. En boca se perciben los 15 grados alcohólicos, pero también el gran tanino y los 36 g/l de extracto. Es un vino de extrema potencia, que podríamos definir como una masa que en boca no se detiene.
5. Aglianico del Vulture Stupor Mundi 2005 – Carbone
Los territorios del Vulture, en comparación con los irpinos, acentúan en mayor medida la mineralidad volcánica. Algo que ocurre en este gran Aglianico del Vulture elaborado por los hermanos Sara y Luca Carbone, a quienes ya hemos conocido. Las uvas proceden de viñedos en la localidad de Piani dell'Incoronata, a una altitud de 550 m s. n. m. Después de 9 años, el vino conserva aún un color rubí denso con un ribete que empieza a tornarse granate. La nariz impacta por la nitidez de los reconocimientos, que van desde la fruta madura y en confitura hasta el tabaco, pasando por matices especiados, de cuero, notas terrosas, con un final de matorral mediterráneo y regaliz. En boca el enorme tanino y la marcada frescura lo hacen extremadamente persistente, con hermosos retornos retroolfativos balsámicos. Imaginamos que aún tiene por delante un largo recorrido evolutivo. Tengo un Stupor Mundi de la misma añada en mi bodega. Seguirá allí durante mucho tiempo.
6. Aglianico del Taburno Vigna Cataratte 2005 – Fontanavecchia.
En el Sannio se elaboran casi dos tercios del vino campano. Es la única zona vinícola de la región donde el viñedo se extiende hasta donde alcanza la vista. Solo en Falanghina hay plantadas nada menos que 3.000 ha (casi el doble del viñedo de todo el entorno del Barolo). En el territorio de Torrecuso, en el Taburno, se encuentra la bodega Fontanavecchia, que cuenta con una larga tradición en el comercio de uvas antes de comenzar a embotellar. El Vigna Cataratte afina durante cuatro años, de los cuales 14 meses son en barrique de roble francés. En nariz resulta aún oscuro a pesar de los nueve años transcurridos desde la vendimia, mientras que en boca muestra una mayor suavidad. La acidez del vino, en comparación con las otras muestras, está menos disociada y se integra mejor con las demás componentes. El Vigna Cataratte se caracteriza, por tanto, por tonos más cálidos y nos parece un vino listo para beber, con retornos frutales más maduros.
7. Aglianico del Vulture Zimberno 2004 – Michele Laluce.
Nos encontramos en Venosa, en el Vulture, una de las zonas más vocacionales para el cultivo del Aglianico. El manejo del viñedo se lleva a cabo con una gran atención, con un cuidado minucioso planta por planta. Ese mismo esmero se aprecia en la bodega, donde el vino madura en acero y madera grande. En nariz se presenta frutal, para pasar después a originalísimos matices de té y carcadé. A continuación despliega notas de sotobosque, hierbas aromáticas de hinojo silvestre, tomillo y orégano. En boca el vino tiene una bonita frescura y un tanino magistralmente dosificado. Aún joven a pesar de sus diez años de vida, el vino está en equilibrio y aparece bien estructurado pese a los escasos 12,5° de alcohol. Verdaderamente sorprendente, es un vino que hace de la gran mesura su cifra estilística.
¿Qué más se puede decir? Solo queda agradecer y felicitar a Luciano por esta lección sobre las múltiples expresiones del Aglianico, también en relación con las particularidades del territorio de origen.





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