VINOS TINTOS
  • 26 DE JUNIO DE 2015
  • 4 min
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Taurasi Fatica Contadina 2000, qué Taurasi..

Volvemos a ocuparnos de Terredora después de la hermosa experiencia vivida hace algunos meses en la cantina, en Serra di Montefusco, en la provincia de Avellino. En aquella ocasión degustamos doce vinos de la bodega de añadas que ya no están en comercio, entre ellos siete...

Alessandro Genova

por Alessandro Genova
Catador solo por 24h

Taurasi Fatica Contadina 2000, qué Taurasi..

Volvemos a ocuparnos de Terredora después de la hermosa experiencia vivida hace algunos meses en la cantina, en Serra di Montefusco, en la provincia de Avellino. En aquella ocasión degustamos doce vinos de la bodega de añadas que ya no están en comercio, entre ellos siete cosechas de los tres Taurasi diferentes que se elaboran en la bodega.

Y hoy hablaremos precisamente de un Taurasi que ya no está en comercio, concretamente del Taurasi Fatica Contadina 2000, botella que adquirí cuando aún no conocía a Paolo Mastroberardino, propietario y director de la bodega. Un Taurasi que esta vez degusté en mi casa, en una cena con amigos, acompañándolo con una preparación a base de coniglio stufato, guarnecido con una guarnición de berenjenas y patatas.

Terredora gestiona un viñedo de aproximadamente 200 hectáreas, ubicadas íntegramente en Irpinia y cultivadas con las principales variedades de uva campanas como el Aglianico, el Fiano, el Greco o la Falanghina. La bodega vinifica directamente sus propias uvas desde hace más de veinte años y hoy produce y distribuye más de un millón de botellas.

El Taurasi se elabora exclusivamente con uvas Aglianico y las que contribuyen a la producción del Fatica Contadina provienen de los viñedos de propiedad situados en Lapio y Montemilletto. Los suelos de matriz arcillo-calcárea, de antiguo origen volcánico, se caracterizan por importantes pendientes, factor determinante para la calidad del producto final. Estas laderas, en efecto, favorecen la mejor insolación, que permite la perfecta maduración de las uvas, además de una buena ventilación, que reduce la humedad e inhibe, entre otras cosas, la formación de mohos. Las pendientes impiden además el estancamiento del agua, favoreciendo de este modo el estrés hídrico, con una favorable contribución en términos de depósito de polifenoles en los hollejos de la uva. Las fuertes oscilaciones térmicas entre el día y la noche, así como entre las estaciones, permiten finalmente el mejor desarrollo de los aromas. Características que encontraremos después en el vino.

Pero pasemos precisamente al vino, que, como se ha dicho, está elaborado con uvas Aglianico en pureza. Tras una cuidadosa selección de las uvas, vinifica con maceración sobre los hollejos durante 10-12 días. Tras el desvinado sigue la fermentación maloláctica, fase esencial para suavizar las exuberantes durezas del Aglianico. Completadas la fermentación alcohólica y maloláctica, el vino madura durante 18 meses en barricas de roble francés, para continuar la crianza en botas de roble de Eslavonia de 35 hectolitros durante otros 12 meses y aún en botella durante otros 10-12 meses antes de salir al mercado. Esta botella de la que hablamos permaneció en mi bodega muchos años más antes de ser descorchada.

Tras una espera de aproximadamente una hora, que sirvió para permitir una cierta oxigenación, el vino me impresionó de inmediato por la nítida presencia de aromas frutales, tampoco tan maduros: ciruela, cereza en aguardiente, guinda. Junto a notas especiadas oscuras de pimienta, pero también de nuez moscada. Luego, en rápida secuencia, regaliz, tabaco y singulares matices de hierbas aromáticas, bayas de enebro. Un espectro olfativo tan amplio como penetrante para un vino que estaba apenas al inicio de su fase de madurez. Pero la verdadera sorpresa llegó en boca, con una embestida ácida que hizo largo, larguísimo el final, donde los taninos estaban perfectamente integrados en la trama con nítidos y persistentes retornos de regaliz. Después de la cena, pasada aproximadamente hora y media, la copa vacía aún perfumaba a balsámico, con claras notas de menta y eucalipto.

Probablemente me equivoqué en la elección del momento de apertura de la botella. Tuve con toda evidencia demasiada prisa... esta botella había que abrirla al menos dentro de otros 15 años, lástima no tener una gemela para hacer la prueba. Sin embargo, debo admitir que incluso degustarlo al inicio de su período de terciarización de los aromas, fue una hermosa experiencia.

Un vino que confirma cuánto la longevidad puede conjugarse bien con la elevada calidad que, gracias a los atentos cuidados que se prodigan en el viñedo y en la cantina, es constantemente buscada por Terredora.

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