Cena a base de pescado y Fiano 2010 Terredora: el placer de la incoherencia
Después de una sucesión de intensas jornadas de trabajo, viene bien relajarse cenando en un restaurante, evitando platos que fregar y el esfuerzo de pensar en qué cocinar.
Evidentemente la motivación aún más poderosa es comer cosas que en casa no habrías podido llevarte a la boca.
Así que aquella noche acabamos en U' gnore, que en mi dialecto O gnore es el suegro; pero allí, fuera de casa, en Bari significa lo oscuro, lo negro.
Un restaurante que nace de una pescadería de al lado que lleva el mismo nombre, una garantía: pescado fresco.
Pedimos:
- antipasto crudo de pescado (¡en Bari no puedes evitarlo!)
- mariscos crudos (¡incluyendo almejas de mar!)
- variados platos de antipasti cocidos a base de pescado (entre ellos el pincho de pulpo y verduras sobre crema de habas, que destaca sobre todos los demás)
- parrillada de crustáceos, moluscos y salmonetes de roca
Jamás habría cocinado semejante festín en casa, ¿pero qué bebemos?
Me encanta el contraste, así que en una ciudad que no es la mía, como cosas que en mi hogar no habría podido preparar, y pido un vino de "mi casa": la elección recae sobre un Fiano 2010 de Cantine Terredora.
En otra cena, también el experto Alessandro Genova se había fiado de esta cantina.
El vino proviene de la zona de Avellino y se vinifica con maceración en frío de las uvas.
Se presenta con un bonito amarillo pajizo intenso y un cóctel de aromas de frutas maduras y flores.
Pera, espino blanco, cítricos, albaricoque, flores de acacia se unen aportando frescura y atrayendo la nariz hacia una nueva olfacción que, realizada con mayor atención, deja entrever aromas de corteza de pan y avellana tostada.
En el paladar un cuerpo importante y elegante, ideal para resistir en el tiempo, y una agradable acidez aporta frescura y genera la salivación adecuada.
Son muy evidentes las notas minerales y salinas que, junto con las demás sensaciones percibidas, acompañan a nuestras papilas gustativas durante varios segundos.
El maridaje es ideal, el pescado está fresco y sabroso, los comensales están satisfechos y… el vino se ha acabado: ¡pidamos otra botella!





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