De un pecio hundido en el mar Báltico se han recuperado varias botellas de champán con al menos 170 años de antigüedad.
Una vez devueltas a la superficie, fueron catadas y posteriormente analizadas por un grupo de científicos que las encontró extraordinariamente bien conservadas. El cargamento estaba formado por 168 botellas, entre ellas Veuve Clicquot-Ponsardin, Heidsieck y
Juglar, recuperadas en 2010 a unos 50 metros de profundidad, según precisan los investigadores franceses que las cataron y posteriormente las sometieron a análisis químicos.
«El champán que hemos recuperado y luego analizado se ha conservado perfectamente, tanto desde el punto de vista de la composición química como desde el aromático», ha afirmado un investigador de bioquímica de la Universidad de Reims.
El estudio ha puesto de manifiesto que el espumoso decimonónico contiene concentraciones elevadas de hierro y cobre, una graduación alcohólica inferior a las versiones actuales (en torno al 9,5 % frente al 12,3 %) y un sabor decididamente dulce.
Si las dos primeras características dependen de las diferencias técnicas en la práctica de vinificación, el elevado contenido azucarado podría obedecer a una elección deliberada que refleja los gustos de la época. En las muestras se ha detectado una concentración de azúcar superior a los 140 gramos por litro: como referencia, en los espumosos dulces más comunes de hoy ese valor ronda los 80 gramos por litro.
El estudio de las botellas ha permitido por tanto confirmar que en aquella época el champán se bebía marcadamente más dulce.
Además de estos hallazgos, los buzos recuperaron también cerveza, sometida igualmente al estudio de un segundo equipo de investigadores.





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