Participé en una extraordinaria vertical de Tignanello, brand del vino italiano más conocido en el mundo y joya de la cantina Marchesi Antinori, de la que recientemente conté el Cervaro della Sala 2005.
El Tignanello nace en los albores de los años 70 del siglo pasado como respuesta al inmovilismo del consorcio que se empeña –y lo hará durante años más– en imponer la adición de uvas blancas junto al Sangiovese en el ensamblaje del Chianti Classico. Un vino que, precedido únicamente por el Vigorello dell'Agricola San Felice, contribuirá de manera decisiva a la nómina de vinos a base de Sangiovese de los Supertuscan. Desde el 75 el ensamblaje del vino se estabiliza, con alguna oscilación, en un 80% de Sangiovese y el resto de Cabernet.
El podere Tignanello se encuentra en Mercatale, en el municipio de San Casciano Val di Pesa. Es un viñedo de 57 hectáreas, orientado al sur y sur-este, situado a una altitud de 350-400 m s.n.m. Presenta pendientes muy pronunciadas que garantizan un excelente drenaje, con un suelo compuesto principalmente por galestro y alberese, junto con algo de arcilla. También son notables las oscilaciones térmicas entre el día y la noche, así como entre las estaciones, elemento que contribuye de manera determinante a los aromas del vino. En conjunto, las plantas están siempre bajo cierto estrés, condición esencial para la producción de uvas de calidad.
La grandeza del vino reside también en la dimensión del fenómeno. Cada año se producen entre 350.000 y 400.000 botellas. No es precisamente un vin de garage. Lograr una calidad tan elevada con estas cantidades no es nada sencillo.
Pasemos al vino. Degustamos seis añadas: 1998, 2001, 2005, 2007, 2010 y 2012. La vertical fue conducida por Daniele Cernilli y Renzo Cotarella.
En general, el vino conserva ciertas características que parecen comunes a los distintos millesimi. Común es la matriz frutal y floral típica del Sangiovese, con una cierta verticalidad de los aromas y una boca siempre tensa, nunca excesivamente amplia. La acidez es siempre marcada, tanto que el Tignanello es un vino siempre muy longevo. Un vino que hay que descubrir poco a poco, a medida que se va catando.
El Sangiovese es el protagonista, pero también hablamos del Cabernet, que en esta zona es muy diferente al de la costa y de Bolgheri en particular. Aquí el Cabernet chianteggia adquiriendo características particulares. En bodega las maceraciones son largas, tanto que según las añadas pueden superar los 20 días. No se realizan remontados sino únicamente pigeages, ya que se considera necesario limitar la acción mecánica sin estresar las extracciones fenólicas. La influencia de la madera existe, pero siempre muy bien gestionada. Hoy se utilizan barriques francesas, húngaras y también tonneaux.
La descripción de los vinos.
1998 (Sangiovese 80%, Cabernet Sauvignon 15%, Cabernet Franc 5%) – 13,5%
Añada bastante buena, aunque no considerada memorable, como en Bolgheri o en Burdeos. En conjunto una temporada larga. La lenta maduración del Sangiovese la encontramos en la fruta madura y, después, en la intensidad del gusto. El color es granate claro; en nariz percibimos notas especiadas dulces, vainilla pero también canela, nuez moscada, clavo, tabaco dulce. Luego tonos ahumados. En boca destaca la sedosidad del tanino, nunca invasivo, casi insinuado. Vino de estructura aterciopelada, cierra largo y mentolado. Excelente ejemplo de vino vertical, nunca mermelado.
2001 (Sangiovese 85%, Cabernet Sauvignon 10%, Cabernet Franc 5%) – 13,5%
Añada cálida y, aunque caracterizada por cierta pluviosidad, las plantas trabajaron en un régimen de estrés hídrico. Este millesimo es un vino estilísticamente diferente respecto a los demás catados: las uvas ligeramente sobremaduradas, la componente vegetal del Cabernet Sauvignon especialmente marcada lo hacen más potente. De color granate, en nariz sorprende por la fruta roja en confitura, la regaliz, el pimiento. Luego aromas de tabaco, grafito y pimienta negra. En boca el tanino prevalece sobre la acidez y las notas suaves. Larga la estela mineral. En conjunto es un vino algo polvoriento.
2005 (Sangiovese 85%, Cabernet Sauvignon 10%, Cabernet Franc 5%) – 13,5%
El 2005 fue un año fresco, también algo lluvioso y marcado por un retraso vegetativo de las plantas. Es la primera añada en la que se colocaron piedras entre las hileras, responsables de aumentar la luminosidad en el viñedo. Mayor también la intensidad cromática en la copa respecto a las muestras anteriores. Aquí cambia la estructura polifenólica del vino, que es más elegante que potente, con aromas de especias dulces, hierbas aromáticas, cereza madura. Luego aparece un balsámico de eucalipto. Estructura gustativa ágil, final con retornos tostados.
2007 (Sangiovese 80%, Cabernet Sauvignon 15%, Cabernet Franc 5%) – 14%
Añada cálida desde el invierno, pero con una evolución muy regular. En particular, el verano transcurrió sin picos de calor destacados, siempre en torno a los 30°C. Esta regularidad se traduce en una agradabilidad de los aromas, con gratos aromas frutales carnosos, con cereza y grosella en evidencia. Luego envolventes aromas balsámicos, después pimienta, cuero y tabaco. En boca el tanino está todavía muy bien presente, pero en un contexto de sustancial equilibrio. Cierra larguísimo, con retornos aún balsámicos.
2010 (Sangiovese 80%, Cabernet Sauvignon 15%, Cabernet Franc 5%) – 14%
Millesimo considerado muy bueno, aunque no faltaron las lluvias. La atenta selección de las uvas en el viñedo favoreció la mejor maduración fenólica. Y esto se manifiesta claramente en el vino, que se caracteriza por taninos maravillosos, gestionados magistralmente en una muestra tan joven. Nariz especiada, buena la tensión gustativa. Vino con una vida muy larga por delante, aún difícil de comprender en su totalidad. Sin embargo, encarna perfectamente la idea estilística del Tignanello.
2012 (Sangiovese 80%, Cabernet Sauvignon 15%, Cabernet Franc 5%) – 13,5%
Añada con una evolución muy extraña. Muy cálida hasta mediados de agosto, cuando comenzó a llover y las uvas aún no habían comenzado el envero. Vendimia por tanto con bayas de pequeño tamaño. El vino presenta aromas frutales, especiados de nuez moscada. Luego polvos de arroz. Boca todavía dura, con un gran tanino y un soporte ácido-salino que prevalece sobre la componente alcohólico-glicérica. Gran vino en potencia, aún de ardua interpretación, para volver a catar en los próximos años.
Para concluir, una gran vertical, una experiencia difícilmente repetible. ¿Mi añada preferida? No os la diré. Las verticales sirven para comprender cómo está hecho un vino, cómo evoluciona en el tiempo en función de las características de las distintas añadas de producción y de cómo cada año se ha trabajado en el viñedo y en la bodega. Un vino grandísimo del que nunca me cansaría de seguir catando.





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