HISTORIAS DE VINO
  • 23 DE ABRIL DE 2014
  • 3 min
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Fragolino: el fin justifica los medios - Contest #StorieDiVino

El fin justifica los medios es quizás una de las citas que menos me representa, pero tal vez es la mejor para describir esta breve historia. No podría continuar con el relato sin mencionar antes mi particular amor por las mujeres, las muchas relaciones en el ámbito social de mi ciudad y mi ser muy exigente respecto a la comida/vino (aunque soy un amante del vino y no un experto del sector).

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por WineAtWine
Redacción Wine at Wine

Fragolino: el fin justifica los medios - Contest #StorieDiVino

El fin justifica los medios es quizás una de las citas que menos me representa, pero tal vez es la mejor para describir esta breve historia.
No podría continuar con el relato sin mencionar antes mi particular amor por las mujeres, las muchas relaciones en el ámbito social de mi ciudad y mi ser muy exigente respecto a la comida/vino (aunque soy un amante del vino y no un experto del sector).
Recuerdo que era una noche invernal no demasiado fría, estábamos yo y mi fiel amigo Gianluca, bastante parecido a mí en los aspectos descritos al principio.
El tema era el de siempre: mujeres por conquistar y una velada para pasar junto a un buen vino.

El destino elegido en aquella ocasión fue escogido en base a un solo principio: había que crear diversión pero sin gastar mucho y evitando situaciones en las que no fuera posible conversar y, eventualmente, causar buena impresión.
Elección rápida: iríamos al buen Germano, que regenta un bar donde es posible picar platos sencillos y económicos.
La fuerza de ese lugar era el ambiente siempre alegre y jovial y lo accesible que resultaba.
Creo que el dueño ganaba también bastante bien, dado que a pesar de los precios bajos revendía en realidad muy bien productos que eran por su naturaleza baratos.
Dos hombres, ocho mujeres, ¡EXCELENTE me digo!
Pedimos varias cosas, pero conociendo la calidad de los vinos disponibles prefiero beber sangria que al menos "baja" mejor.
Por desgracia, la buena relación que nos une con el propietario sellará la sentencia de muerte de mis papilas gustativas.
"CHICOS, ¡GRACIAS SIEMPRE! PORQUE ME VENÍS A VISITAR A MENUDO Y SIEMPRE CON MUJERES GUAPAS" – ya empezaba, ay, a entender.
"OS HABÉIS GANADO UNA BUENA BOTELLA DE MI FRAGOLINO" – ¡justo lo que temía!
Un vino pagado alrededor de 2,5 euros por botella que se revendía a 15 (¡pero prontamente regalado a las mesas más numerosas y a los clientes más habituales!).
No me preguntéis la cantina porque nunca me detuve a leer la etiqueta, ya que jamás pensé remotamente en comprar un vino semejante.
¿Sabéis cuando compráis fresas y se percibe un sabor a "medicina"? Pues ese es el sabor del famoso Fragolino de Germano.
Aditivos, quizás colorantes y quién sabe qué más.
Ese pésimo vino tenía sin embargo una propiedad: gustaba a las mujeres (obviamente no expertas en vino) por ser muy dulce.
Las chicas quedaron encantadísimas con el regalo (¡un regalo en un local siempre se magnifica por el ambiente, especialmente si no se conoce su valor real!) y lo apreciaron mucho, hasta tal punto que entre botellas compradas y regaladas superamos la media de media botella por cabeza.
Lo peor fue que estábamos constantemente obligados, moral y socialmente, a beber (¡o mejor dicho a tragar!) ... pero al fin y al cabo pasamos realmente una velada estupenda y, con el paso de algunos años, el recuerdo de las risas y de la buena compañía me hace sentir nostalgia incluso de aquel vino tan pésimo.

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