SABER DEL VINO
  • 18 DE NOVIEMBRE DE 2014
  • 3 min
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Guía: Transporte y conservación del vino

Para transportar nuestras botellas de vino desde el Supermercado o Enoteca hacia casa, recomiendo hacerse con un transportín de plástico rígido con asa para evitar molestas y costosas roturas de vidrio. Una vez en casa, la conservación del vino depende del tipo y del tiempo de uso del vino en sí...

Pasquale Testardi

por Pasquale Testardi
Sumiller y Catador

Guía: Transporte y conservación del vino

Para transportar nuestras botellas de vino desde el Supermercado o Enoteca hacia casa, recomiendo hacerse con un transportín de plástico rígido con asa para evitar molestas y costosas roturas de vidrio.
Una vez en casa, la conservación del vino depende del tipo y del tiempo de uso del vino en sí.
La forma de conservar el vino varía según el tipo y el tiempo que transcurre entre la compra y cuando tenemos previsto beberlo.
Por ejemplo, si tenemos planeada una cena la misma noche de la compra y queremos ofrecer a nuestros invitados Prosecco, Champagne, Franciacorta u otros espumosos con los antipasti o demás platos, lo ideal es conservarlos en el frigorífico a una temperatura constante de 4°, lo que nos permitirá servir el vino a la temperatura ideal de 6-8°.

Lo mismo aplica para los vinos blancos jóvenes y de pronta bebida, mientras que para los blancos estructurados o que han pasado por madera (por ejemplo un paso en barrique) sería recomendable guardarlos en un lugar fresco como una bodega o, si no dispone de una, podría usar también un frigorífico, teniendo no obstante la precaución de sacarlo un poco antes para servirlo a unos 12-14° ideales para dar el justo desarrollo a los aromas y al sabor del vino.
Si en cambio nuestro compañero de mesa es un vino tinto joven y para beber enseguida, basta con colocarlo simplemente en una zona fresca (¡y sobre todo alejada de los fogones!) y evitar los cambios bruscos de temperatura.
Para los vinos más exigentes lo ideal sería una bodega, pero un consejo que me permito darles es conservarlos en penumbra, a temperatura constante y en posición horizontal, de modo que el corcho se humedezca, para que el propio vino actúe como "aislante" evitando (o al menos limitando) que el aire penetre en el tapón. Prácticamente lo contrario de lo que se hace en los supermercados [como explicamos en el primer artículo: conservación de los vinos en los supermercados], donde a menudo los vinos están "tumbados" pero de forma que el vino no toque el tapón y, por supuesto, bien iluminados por luces de diverso tipo para exhibirlos.

Para quienes no reparan en gastos, existen en el mercado vinotecas refrigeradas que garantizan humedad controlada y temperatura constante para un determinado número de botellas; no se trata de "frigoríficos" comunes, sino de equipos que emulan el hábitat típico de la bodega tradicional.

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