La historia, aunque ya pasada, está en constante evolución gracias a los estudios, realizados continuamente, por los historiadores que, como un explorador con su linterna, arrojan luz sobre hechos poco claros o datos simplemente dados por sentados sin bases sólidas.
Esta vez le ha tocado al mundo del vino ver desmitificado uno de sus mitos; según el Centro para la Conservación de la Biodiversidad de la Universidad de Cagliari, la vid doméstica fue introducida en la cuenca mediterránea por los Sardos.
¡Ni Fenicios ni Romanos!
Todo comenzó hace aproximadamente diez años cuando se encontró, en la provincia de Oristano, un hallazgo arqueológico de la época nurágica. Pozos excavados en la roca para conservar alimentos, antepasados de los refrigeradores, en los cuales se encontraron restos orgánicos vegetales y animales, semillas de vid, nueces, legumbres, carne, pescado.
Al parecer se trataba de vitis vinifera de baya blanca similar a algunas variedades de vernacce y malvasie de la zona.
En la provincia de Cagliari fue encontrado posteriormente un antiguo lagar de la edad del bronce presumiblemente usado para hacer vino.
En apoyo de esta tesis habría también numerosas ánforas encontradas en todo el Mediterráneo provenientes de Cerdeña (llamadas "zit a") como testimonio de una floreciente actividad productiva en la isla italiana.





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