"Pero no, tonta, tienes el vino en las venas". Es verdad, tengo el vino en las venas, mucho vino, muy tinto, muy campesino. Lo he sorbido para darme valor, para darme porte en ese encantador restaurante. Aglianico del Taburno: seco y rojo rubí. Porque de valor necesito mucho. Pero lo siento, no es solo el vino lo que me da calor, no es el vino lo que me hace hablar. Es él, es ese perfil, es ese botín.
Ese gracioso botín negro suyo no dejaba ni por un segundo de atormentar el acelerador. "Somos constantes –me decía– somos constantes". A 160 pero constantes." Y una carretera como esta, mírala, parece que estás en la Route 66, te llama, te acaricia, te invita a recorrerla a toda velocidad". Sí –respondía yo escéptica admirando la naturaleza de alrededor, ese perfil seguro y ese botín impertinente. Luego comenzó Love today de Mika. Fue el delirio. Intentábamos imitarla y cantar en falsete, se aplaudía, se bailaba. La hago mejor yo, qué dices, yo. Ahí estaba: un escalofrío de alegría que te recorre la espalda. Termina con ese escalofrío intenso y satisfactorio, y luego llega Un giorno migliore de Lunapop. Gargantas de acero que se desafían con amor. ¿Qué espero del mañana? Bueno, creo que es justo decirte que no quiero nada sin ti. Porque cuando nos subimos al coche y vamos a algún lugar fuera de la ciudad, también dejamos fuera los pesares y los malos pensamientos. Llegar a una ciudad cercana que no conocías y que te parece tan acogedora, tan encantadora, y que te abraza en un haz de luces proyectadas sobre el campanario. Y dos ángeles en la fachada de una iglesia. Tengo calor aunque hace frío. "Pero no, tonta, tienes el vino en las venas". Es verdad, tengo el vino en las venas, mucho vino, muy tinto, muy campesino. Lo he sorbido con ostentada seguridad en esa encantadora trattoria, para darme valor, para darme compostura. Aglianico del Taburno: seco, austero y de un hermoso rojo rubí. Porque de valor se necesita mucho. Pero lo siento, no es solo el vino lo que me da calor, no es el vino lo que me hace hablar. Es él, es ese perfil, es ese botín. Los artistas callejeros nos llaman. Una familia estilo Hanson toca sus propias canciones. La más pequeña es una rubita de tres años. El micrófono es más grande que ella. ¿Era este el sueño que perseguían? Recorrer ciudades dispersas por Europa cantando canciones que la gente no entiende. Gente que los mira solo porque la pequeñita les llega al corazón, que se calentará en igual medida con la comida de Navidad. Y él, con una oportunidad perfecta, me cita una frase escrita para mí años atrás. Sueña. Pero no hagas del sueño tu amo. Ya lo es. Un amo exigente, riguroso, un amo que a veces no le permite sonreír. Pero luego lo olvida un poco, cómplice él, los días como estos, el buen vino muy tinto, muy campesino, las bellas canciones. Lo que tenía que decirle se lo he dicho. Y no tenía nada en las venas salvo ese escalofrío de ternura y de amor. Espero que lo haya captado. Y esa foto con esa estrella sobre la cabeza. Eres mi ángel.
No es verdad, no lo soy. Pero quiero abrazarte y si me quieres, mañana será un día mejor, ya verás.





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