El mundo del vino pierde una gran personalidad: ayer por la mañana en Marsala murió repentinamente Giacomo Rallo, fundador de la cantina Donnafugata.
El funeral está previsto para esta tarde a las 16 en Marsala, en la Chiesa Madre.
Cavaliere del lavoro desde 2006, Giacomo Rallo había nacido en Marsala el 18 de octubre de 1937 y era uno de los empresarios vitivinícolas sicilianos más conocidos y apreciados a nivel internacional. Licenciado en derecho, era representante de la cuarta generación de una antigua familia siciliana dedicada, desde mediados del siglo XIX, a la producción de vinos de calidad. Aún joven, participó en las actividades de la empresa familiar, convencido firmemente del extraordinario potencial enológico de su tierra.
Tras diversas vicisitudes empresariales y aprovechando las experiencias adquiridas en el extranjero, en 1983, junto a su esposa Gabriella Anca, dio vida al proyecto Donnafugata.
En California aprendió, por ejemplo, cómo producir vinos de calidad en climas cálidos utilizando tecnología de frío, refrigerando uvas y mostos, controlando la temperatura durante todo el ciclo productivo y también durante las fases de crianza. Experiencias similares le permitieron orientar las decisiones estratégicas de Donnafugata hacia el segmento de mercado de los vinos de calidad.
El objetivo para Rallo siempre fue desarrollar en Sicilia un innovador proyecto cultural que potenciara la identidad de una región rica en historia y en historia del vino, y que fuera capaz de incorporar lo mejor de la ciencia enológica. El proyecto debía concretarse dando a conocer la calidad de los vinos de la isla, construyendo así la identidad de un territorio laborioso y lleno de excelencias. Por estos motivos, Giacomo Rallo es considerado uno de los principales innovadores del panorama enológico siciliano.
El proyecto Donnafugata se llevó adelante construyendo las bodegas de vinificación de Contessa Entellina y Pantelleria y la de crianza de Marsala, además de gestionar 260 hectáreas de viñedos en Contessa Entellina y 68 hectáreas en Pantelleria.
Profundamente siciliano, culto y agudo en su elocuencia, era un firme defensor del asociacionismo entre los actores de la cadena vitivinícola, tanto que a lo largo de su vida ocupó prestigiosos cargos en diversas organizaciones asociativas: "Mi tierra necesita creer en sí misma, redescubrir sus vocaciones productivas y culturales y hacer emerger, cada vez más, una clase dirigente y empresarial capaz de generar desarrollo y trabajo para las generaciones futuras", como dijo con motivo del reconocimiento de Cavaliere del lavoro.
En este momento de dolor, a su esposa Gabriella y a sus hijos Josè y Antonio expresamos nuestras más sinceras condolencias.





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